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Gena Moulton

He tenido problemas de peso desde que tuve a los niños. Como casi todo el mundo, he probado todas y cada una de las dietas que han salido al mercado, algunas con más éxito que otras, pero el denominador común de todas ellas era que las abandonaba pronto y volvía a recuperar el peso perdido. Llegué hasta el punto de tener que hacerme la pedicura para que me cortarán las uñas de los pies porque no podía llegar hasta ellas para hacerlo yo misma.

Mi nuera empezó con Cambridge, perdió peso con facilidad y y se quedó fantástica. Quise saber más sobre la dieta así que me conecté a Internet para obtener más información. Mientras exploraba su página web, comprobé mi IMC y me sorprendió ver que era de 41,5. Con 60 años y una talla 52, tenía que hacer algo al respecto.

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Larry Lloyd

He estado en el mundo del fútbol profesional durante 20 años y he representado a Inglaterra a nivel internacional en 16 ocasiones. Luego continué dirigiendo y entrenando a un equipo y, evidentemente, controlaba mi peso y mis niveles de capacidad física. Sin embargo, cuando terminó mi relación con el mundo del fútbol, compré tres bares y empecé a descuidar mi dieta y mi estado físico. sabía que estaba engordando pero me limitaba a comprar ropa más grande.

Ocurrieron un par de cosas que me hicieron darme cuenta de que necesitaba hacer algo con mi peso. En primer lugar, vi una foto mía caminando por el paseo marítimo de Fuengirola y mi aspecto era espantoso. En segundo lugar, como solía viajar en avión frecuentemente, tenía que solicitar una extensión del cinturón de seguridad, algo que era muy embarazoso.

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Katy Healer

Siempre he sido una niña regordeta, algo que no pasaba inadvertido para el resto del mundo. Mi madre se esforzó mucho por controlar mi peso pero era muy difícil ya que yo comía a escondidas. A los 6 años, pasé casi un año en el hospital y antes de que me operaran tuve que estar “sin comer ni beber” durante 24 horas. Creo que es ahí donde empezaron mis problemas con la comida. Pensé que si no comía allí y en ese momento, no volvería a tener otra posibilidad de comer.

Cuando me independicé y empecé a vivir por mi cuenta, me resultaba más fácil comer lo que quería porque no tenía que dar explicaciones a nadie. La comida era mi consuelo y mi amiga hasta que, de repente, el peso se me fue de las manos.

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